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Lozoya, Pemex y SEDENA, la “tormenta perfecta”

Emilio Lozoya y el general Salvador Cienfuegos. Imagen marzo 2013

El escándalo político y mediático desatado por la detención, deportación y las declaraciones del ex director de Petróleos Mexicanos (PEMEX) Emilio Lozoya Austin –y ahora por la filtración de sus denuncias contra expresidentes, ex legisladores y periodistas– alcanza también al ámbito militar. O debería.

Lo revelado en el documento de 63 páginas que fue filtrado a redes sociales desde la tarde del miércoles, sirve para complementar una serie de historias oscuras y sin terminar en torno a las transas, los manejos y relaciones torcidas entre mandos de la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA) y la Subdirección de Salvaguardia Estratégica de PEMEX en los años intermedios del gobierno de Enrique Peña Nieto y en la administración del general Salvador Cienfuegos Zepeda.

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En su intento por librar la prisión a cambio de señalar y acusar a cuanto personaje le solicite la 4T, el ex director de la paraestatal ha tocado el tema del robo de combustible a PEMEX, gestado desde el interior de PEMEX y en el que civiles y militares se aliaron en distintos momentos para seguir exprimiendo a la empresa, porque el robo sigue adelante y en ello sigue involucrados mandos de la paraestatal y gente de uniforme.

En la declaración filtrada, Lozoya sostiene que tuvo encuentros con los entonces secretarios de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong; de la Defensa Nacional, Salvador Cienfuegos; y de la Marina, Vidal Francisco Soberón para hablarles acerca del robo multimillonario que se cometía contra PEMEX.

Los años de los encuentros coinciden con los de una etapa de la debacle de PEMEX y el robo de combustible, que en realidad inició en el 2000 al interior de la paraestatal, cuando la Policía Federal Preventiva (PFP) de Alejandro Gertz Manero encabezaba operativos en refinerías, subestaciones, bodegas y centros de almacenamiento en donde los detenidos eran invariablemente empleados de la paraestatal.

Años más tarde, en la segunda etapa del panismo en el poder, el robo de combustibles se hizo más complejo y especializado, con bandas formadas por empleados y civiles que luego fueron cooptadas o se coludieron con cárteles de la droga interesados en conseguir combustible para sus vehículos terrestres, para sus avionetas y luego para sus lanchas con motores fuera de borda, tipo reformeñas o eduardoños.

Luego comenzó la fiebre de los semisumergibles de fibra de vidrio, construidos en Colombia y Ecuador y enviados a las costas mexicanas con dos y hasta cinco toneladas de cocaína, con dos o tres tripulantes y espacio para bidones de combustible que recibían –y siguen recibiendo– desde lanchas de pescadores que los transportan para abastecer a los narcobotes.

Esto ocurría en el sexenio de Felipe Calderón y continuó en el de Enrique Peña Nieto, en el que el robo de combustibles no solo fue negocio para los cárteles y bandas locales, sino también para mandos militares y mandos civiles en PEMEX. Los operativos encabezados por Gertz y luego por otras corporaciones han demostrado y evidenciado tan solo una parte del fenómeno de corrupción que sigue atacando a la paraestatal y a otras instancias del gobierno.

Lozoya no va a fondo y solo menciona a grandes rasgos algo de la problemática que se vive en Salvaguardia Estratégica de PEMEX, mencionando de manera correcta que en la paraestatal se simulaba el combate al huachicoleo mediante la compra de equipo y material de seguridad para aparentar acciones preventivas.

La Auditoría Superior de la Federación (ASF) investigó en su momento las compras de drones y aeronaves hechas por PEMEX para supuestamente reforzar la vigilancia en zonas clave de Tamaulipas, Hidalgo, parte de Veracruz y algunos puntos de Puebla y el Estado de México.

Aeronaves sin uso o con uso mínimo, aparatos para los cuales no había tripulaciones y drones para los que no había piloto capacitados eran cosa de todos los días. El material de vuelo, por ejemplo, acabó arrumbado en bodegas, porque no hubo forma de utilizarlo. De estas cosas hubo responsables, pero no ha habido culpables.

A la guerra torcida contra el robo de combustibles le siguió la corrupción de jefes y el abuso contra el personal de Salvaguardia Estratégica, que ha llegado al grado de reducirles o quitarles a los agentes de seguridad sus viáticos para hospedaje y alimentación, práctica que no se ha terminado al día de hoy.

La denuncia de Lozoya dice que al ver todas estas cosas, pidió la creación de grupos especializados para hacerle frente a este delito. Aquí es donde entraron los militares y su manga ancha para proceder en PEMEX, por dentro y por fuera.

Los nombres del general de brigada Sócrates Alfredo Herrera Pegueros, del general Eduardo León Trauwitz, teniente coronel Oziel Aldana Portugal, del teniente Arturo Villa Adame, del teniente coronel Wenceslao Cárdenas, ex titular de la Subdirección de Salvaguarda Estratégica (SSE), y del coronel Emilio Cosgaya, ex gerente de gestión técnica de la SSE, aparecieron poco a poco en denuncias anónimas y después abiertas ante la Procuraduría General de la República (PGR) demandando una investigación en la que solo faltan por ser detenidos Trawitz y Villa Adame.

La denuncia de Emilio Lozaya es solo una pequeña parte de un fenómeno delictivo que de ninguna manera ha sido erradicado en la paraestatal.

Jorge Medellín
Jorge Medellín

Periodista en temas militares y de seguridad, con más de 30 años desarrollando estos temas en diversos medios de comunicación

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